Mientras el público hace fila para presentar sus últimos respetos a la reina Isabel, nuestro director ejecutivo, Wayne Preece, recuerda su breve encuentro con Su Majestad el año pasado.
No es habitual que la élite empresarial mundial tenga que hacer cola. Sin embargo, desde Bill Gates hasta John Kerry, pasando por una gran cantidad de ejecutivos más modestos como yo, fue un placer hacer fila en el Castillo de Windsor el pasado mes de octubre. La recepción de la Reina fue el broche de oro de la Cumbre Mundial de Inversión, organizada para dar a conocer algunas de las empresas británicas más innovadoras en materia medioambiental antes de la COP26. Ella entró con una sonrisa radiante, dedicando su atención con paciencia a todos los que ansiaban conocerla.
El entonces primer ministro, Boris Johnson, me presentó como «¡el hombre de Gales que hace cosas maravillosas con el agua!». Me alegró el día.
Sabía que ella trabajaba duro. Se notaba que lo daba todo por cada persona. Pero pensar que, año tras año, atendía habitualmente a decenas de miles de personas en momentos como este resultaba asombroso. Y lo hizo durante décadas; en cada ocasión, fue construyendo lo que en el mundo empresarial llamarían una marca, la cual terminó siendo la más respetada, tranquilizadora y significativa del mundo.
A la mayoría de nosotros nos incomoda ver nuestro rostro en la prensa. La televisión impone respeto, sin duda, pero imagínese cada billete y moneda, cada pasaporte y tantas otras cosas llevando sus rasgos. Nadie fue sometido a mayor escrutinio ni gozó de mayor reconocimiento, y nadie ha dejado una huella tan perdurable. Son esas cualidades las que en Hydro admiramos en ella, y son esas cualidades las que honramos al unirnos al duelo general por su pérdida.